Intenta imaginarlo. Tienes solo 24 años, estás sentada en el consultorio de un médico con tus tres pequeños hijos a tu lado. Están llorando... porque te ven llorar. Lloras porque estás embarazada de cuatro meses y medio y te acabas de enterar que eres VIH positiva.

“Es bastante difícil poner todas las emociones en palabras”, dice Wanona. “Ira, conmoción, incredulidad. Me sentí como si estuviera en un sueño. Sentí que no era real”.

Como la mayoría de las personas, Wanona conocía los conceptos básicos sobre el VIH. Pero nunca imaginó que el VIH afectaría su vida o la de sus hijos. Ahora que lo había hecho, no podía imaginarse cómo sería el resto de su embarazo. O qué le depararía el futuro de su bebé.

“Tenía miedo, pero más que nada por mi hijo”, recuerda Wanona. “Tenía miedo de traer a alguien a este mundo y quitarle automáticamente la posibilidad de una vida 'normal'. Tenía miedo de que hubiera muchas preguntas, y algunas de ellas podría no entender. Tenía miedo de que él pudiera resentirme por traerlo a este mundo siendo VIH positivo. No quería que se sintiera como un paria. Ese era mi mayor temor”.

Vivo una vida normal. El VIH no ha detenido nada.

La madre de Wanona, Ronica, también estaba asustada. Pero también tenía esperanza. Porque los doctores les dijeron algo que demasiadas personas todavía no saben: las mujeres que viven con el VIH pueden tener bebés sanos y VIH negativos. Con un plan de tratamiento eficaz, es posible prevenir la transmisión del VIH de la madre al bebé durante el embarazo, tener un parto seguro e incluso amamantar.

Eso es todo lo que Wanona necesitaba escuchar. Comenzó un plan de tratamiento contra el VIH y con la atención prenatal de inmediato, y sus médicos controlaron atentamente su embarazo. Para tener un nacimiento natural, Wanona necesitaba ser “indetectable”. Eso significaba reducir la cantidad de VIH en la sangre hasta que llegara a ser tan bajo que no pudiera verse mediante un análisis de sangre. Y eso era importante, porque cuando una persona que vive con el VIH es indetectable, el VIH deja de ser, con total confianza, transmisible. Incluso durante el parto.

Finalmente, Wanona dio a luz a un bebé sano y VIH-negativo. Y descubrió que vivir con el VIH no era tan aterrador como una vez se había imaginado. “No voy a decir que el proceso es fácil, porque hay días malos y momentos difíciles”, dice Wanona. Pero con el amor y el apoyo inquebrantables de su madre, Wanona ha encontrado la fuerza para mantenerse sana, criar a cuatro hijos increíbles y extender una mano para ayudar a otros. “Quiero que la gente sepa quién soy. Cuando te das cuenta de que la vida es mucho más grande que las cosas negativas que la gente tiene para decir, no hay nada que no puedas conquistar”.

La vida de Wanona ha cambiado de una forma que nunca vio venir, y es más alentadora de lo que ella esperaba. “En un momento, sentí que era el fin del mundo. Sentí que era una sentencia de muerte, como si ya no fuera a ser normal nunca más”, dice Wanona. Pero ella aprendió y creció. Encontró apoyo y compartió su verdad. Y está más emocionada que nunca por todas las posibilidades que le esperan. “Encontré mi bendición en mi lección. Convertí mi caos en victoria”.