Se podría decir que la familia de Ronnie le salvó la vida.

Cuando lo diagnosticaron por primera vez hace más de 30 años, Ronnie estaba demasiado conmocionado y asustado como para buscar tratamiento o apoyo. Porque en aquel entonces, el VIH se consideraba una sentencia de muerte. “Sentí que tenía que esconderlo. No quería decirle a mi familia. No sabía cómo reaccionarían”, recuerda Ronnie. “Sabía que me amaban, pero esto era diferente. No sabía si iba a ser condenado al ostracismo como tantos otros jóvenes. No sabía cómo decirle a mi madre que posiblemente moriría en un par de años”.

Así que mantuvo su estado en secreto, hasta el momento en que se enfermó. Mucho se enfermó. Cuando su madre descubrió que “su bebé” necesitaba ayuda, no dudó.

“Que haya intervenido cuando lo hizo —para decirme que me amaba, que me apoyaba, que iba a estar bien y que podía superar esto— fue tan, tan alucinante”, dice Ronnie. “Tener una madre como ella realmente me motivó a querer ser mejor, a vivir mi mejor vida y a cuidarme de una manera que inicialmente no pensé que fuera capaz”.

Puedes vivir una vida enérgica, plena y feliz como yo.

A medida que los tratamientos contra el VIH avanzaban, a Ronnie se le fue haciendo más fácil cuidar de sí mismo. En lugar de tragar 30 pastillas al día, la mayoría de las personas que viven con el VIH toman solo una o dos. Los inclementes efectos secundarios que lo hacían sentir abatido desaparecieron hace mucho. Hay recursos comunitarios, programas de asistencia para medicamentos y grupos de apoyo para ayudar a las personas que viven con el VIH a mantenerse fuertes también. Y lo mejor de todo: las nuevas opciones de tratamiento contra el VIH son tan buenas para reducir la cantidad de VIH en la sangre de un paciente que es posible vivir con el VIH y nunca tener que preocuparse por transmitirlo.

Durante todos estos cambios, Ronnie sabía que podía contar con el apoyo de su familia, y especialmente de su sobrina Miracal. “Desde el primer día, ella fue la persona con la que realmente pude conectarme”, dice Ronnie. Ella ha estado a su lado durante todo el proceso. Aprendieron sobre el VIH juntos. Se dieron ánimo mutuamente cuando las cosas se pusieron difíciles. Y cuando Ronnie decidió compartir su historia y su estado con otras personas, Miracal también se convirtió en educadora en prevención.

“Él siempre ha sido como un padre para mí. Sabía que si necesitaba algo, siempre podría confiar en él”, dice Miracal. “Cuando me case, será él quien me lleve hacia el altar”. La relación que los une le ha enseñado la importancia de dar y recibir apoyo. Y ahora Miracal quiere ayudar a otros. “Todos enfrentamos desafíos, todos enfrentamos problemas”. Si sé que puedo ser el apoyo de alguien, allí estaré”.

“Saber que tienes a alguien que te defiende, a alguien que está allí para ti es tremendamente importante”, dice Ronnie. Nunca pensó que llegaría a los 30. Ahora tiene 60. Está sano. Y está decidido a seguir así. “Planeo vivir tanto o más tiempo que cualquier persona que conozco. Es un mundo completamente nuevo y estoy muy feliz de ser parte de él”.